En las garras del Alfa
En las garras del Alfa
Por: Lj. Amesty
Ilusión

Ilusión

La criatura era todo lo que ella se negaba en aceptar como real: Era un ser antropomórfico, musculoso y majestuoso, con un cuerpo cubierto por un pelaje grisáceo que se adivinaba de plata a la luz de la luna de esa noche, con un rostro que parecía el de un lobo imponente aunque sin abandonar del todo su humanidad. Los movimientos de la criatura no eran acelerados ni violentos, por lo que Eva no descubrió ningún terror en su ser, todo lo contrario, de alguna manera la cercanía le hizo sentirse descubriendo un mundo de nuevas sensaciones; sensaciones que iban mucho más allá de su sentir corporal y que parecían despertar más allá de su espíritu.

Las manos de Eva se levantaron en forma defensiva cuando la criatura se inclinó hacia ella con esa actitud curiosa, pero al darse cuenta de que no había peligro de por medio, ella sencillamente se volvió a levantar con premura. La criatura no intentó nada. Aquellos ojos le observaron todo el rato hasta que ante la mirada atónita de la chica, la criatura volvió a ser un hombre. Entonces, ahora en su forma humana, desnudo con su cuerpo musculoso e imponente ante ella, volvió a dar un paso al frente y los cuerpos quedaron en una cercanía peligrosa. El deseo a Eva le gobernó de manera animal.

Eva colocó su mano sobre el pecho de él y con ese simple tacto descubrió que su vida le pertenecía de manera segura. Fue una especie de estallido que brotó desde su interior el que le hizo despertar a su realidad. De pronto la criatura había desaparecido y ella ya no estaba en aquel bosque en medio de la noche, ella ahora estaba en una oficina elegante y moderna, a plena luz del día, delante de una mujer que le miraba con cara de no comprender lo que le ocurría:

― ¿Se encuentra bien, señorita? ―preguntó la mujer con sorpresa.

―Si…. Sí, no se preocupe ―se apresuró a excusarse Eva sin terminar de ordenar su confusión.

― ¿Está segura de querer pasar a la entrevista en esas condiciones?… no sé si está enterada, pero el señor Logan no es un CEO cualquiera… estamos hablando del tipo más exigente y volátil que se puede imaginar.

Eva asintió con un movimiento rápido de su cabeza. No había llegado hasta ahí para perderse la oportunidad de su vida solo por una de esas tantas alucinaciones que le habían perseguido desde siempre. Sencillamente, la dio por descartada y le respondió a la mujer de la recepción.

―No se preocupe, estoy lista para probar mi suerte.

La mujer bufó dejando en claro su diversión ante el comentario de la joven de cabello negro y ojos de luna, que se había comportado tan extraña justo antes de la que bien podía ser la entrevista más importante de su vida.

―Y la necesitará ―dijo la mujer antes de indicarle con un gesto de su mano la dirección que debía seguir para llegar al lugar donde se encontraría con él.

Eva caminó con pasos aún trémulos y dubitativos a punto de sucumbir por el peso del apremio, pero todo rumor de seguridad en su ser terminó de desaparecer de su alma cuando las puertas se abrieron y descubrió aquel rostro justo delante de ella.

La situación cada vez se tornaba más confusa para Eva: El rostro del CEO que acababa de conocer, era el mismo rostro de aquel lobo de sus visiones.

Las cosas estaban listas para que Eva perdiese la cabeza por completo, pero ella no podía perder esa oportunidad; simplemente no podía darse ese lujo.

Ella venía de ser una simple mesera mientras terminaba sus estudios como psicóloga, estudios que tuvo que abandonar al fin de cuentas por las dificultades económicas que enfrentó luego de la muerte de sus padres adoptivos en el accidente de tráfico. Solo había quedado con su hermana pequeña, la que sus padres tuvieron casi diez años después de haberla adoptado a ella. 

La suya era una historia bastante trágica, pero Eva no se había detenido en lamentos, ella solo quería procurar salir adelante y sobreponerse a sus problemas aun con todo y aquellas recurrentes alucinaciones que le sobrevenían en los momentos menos imaginados, justo como la de esa mañana que le sobrevino antes de recibir la señal para entrar a la oficina.

Ella se había preparado para dar la mejor impresión. Ella había visto a las otras chicas que habían probado su suerte en esa entrevista y se sintió empequeñecida por la belleza rebuscada que todas exhibían. Maquillajes exagerados y vestidos superelegantes opacaban a la chica de ropa sencilla y cabello negro recogido en una práctica cola de caballo que había decidido llevar Eva. Su mejor arma para quedarse con su puesto estaba en su carisma natural y en su ánimo efervescente, pero todo eso desapareció cuando, sentado detrás de un inmenso escritorio, encontró al sujeto con el que había soñado toda su vida.

Eva entró al despacho del CEO, pero no supo cómo reaccionar después de aquello.

Aquel rostro perfilado y simétrico, con un par de ojos tan negros como la noche, le hizo estar a punto de perder la cordura cuando lo tuvo al frente. Era esa la mirada de la criatura que había visto apenas en la visión de recién. En ese momento aquellas alucinaciones dejaron de ser tomadas a la ligera para presentarse como algo verdaderamente serio y con el potencial suficiente como para desatar su locura. Eva se quedó muda cuando vio al sujeto levantarse de su asiento para abrochar los botones de un traje negro que cubría su cuerpo que se adivinaba musculoso, para luego comenzar a caminar hacia ella.

Como si se tratase de una extensión de una de esas visiones, alucinaciones o pesadillas, Eva no podía reaccionar. Tenía sus pies lo suficientemente inutilizados como para poder intentar algo en ese momento.

Ella sabía el nombre de aquel hombre, pero era la primera vez que lo tenía al frente. Solo sabía que era el magnate y CEO de la empresa más grande del país, quien estaba en la búsqueda de una nueva asistente. Lo que Eva no sabía era que ese sujeto sería el mismo hombre al que siempre veía en sus pesadillas al transmutarse en aquella criatura de pesadillas.

― ¿Le sucede algo, señorita? ―le preguntó el señor Logan Reich con un tono de severidad y preocupación al darse cuenta de la mala pinta que Eva comunicó por la palidez de su rostro. Ella de por sí tenía la piel tan tersa y lozana como una luna nueva, pero luego del susto que le propició el rostro del CEO, la palidez de su piel alcanzó niveles verdaderamente alarmantes, por lo que el CEO salió a su encuentro para tratar de socorrerle, más por cordialidad que por cualquier otra cosa.

Eva se quedó muda cuando lo vio detenerse delante de ella a solo un paso de sí. Su respiración se entrecortó comenzando a hiperventilar de una forma descontrolada, al tiempo que sus oídos comenzaron a percibir una especie de silbido fuerte y lejano y sus ojos pasaron a mostrarle el mundo delante de ella velado por un manto de confusión. Al poco tiempo las piernas de Eva trastabillaron y estuvo a punto de irse de bruces de no ser por los poderosos brazos que le sostuvieron con fuerza para mantenerla erguida a pesar de su repentino desvanecimiento.

Eva tardó un poco en reaccionar para entender lo que estaba sucediendo.

El CEO se mostró preocupado y le dedicó un poco más de atención de lo que había hecho con las anteriores candidatas, pero nada pudo prepararle para la reacción de aquella joven de cuerpo esbelto y mirada risueña que de un momento a otro reaccionó de manera violenta alejándolo de ella con una fuerza expedita que salió de la nada.

― ¡Aléjate de mí! ―gritó Eva con una fuerza abismal, al tiempo que giraba sobre sus talones y comenzaba a correr para perderse detrás de la puerta, saliendo al pasillo sin detenerse a nada hasta llegar al ascensor donde comenzó a presionar el botón como una enajenada. Eva no se calmó hasta lograr meterse en la cabina del elevador y esforzándose por interponer la mayor distancia posible entre ella y aquella pesadilla que de pronto se le había vuelto real en un santiamén.

Eva levantó la mirada durante un segundo y antes de que las puertas del ascensor se cerrasen por completo, vio delante de ella, a unos quince metros, aquel par de pozos profundos y oscuros como la noche que le miraban con intriga antes de que las puertas de metal se cerrasen por completo para dejarle a solas con su silencio. El descenso a la locura comenzó en ese momento.

― ¿Qué ocurrió, señor? ―le preguntó Gena, la secretaria que estaba a punto de abandonar su cargo y para quien necesitaban encontrar un remplazo.

Logan se detuvo en medio de aquel Lobby y suspiró sin entender del todo como responder aquella pregunta. El CEO levantó su mano y se dio cuenta de que en el forcejeo había terminado con una especie de pulsera que llevaba aquella chica: una pieza de plata con varias lunas colgando de ella. Una prenda llamativa.

―Algo curioso ―sentencio el CEO sopesando lo que no terminaba de entender del todo―… la chica ¿Cuál es su nombre?

La secretaria miró intrigada a su jefe y tardó un segundo en responderle, ganándose así la mirada de reproche de él, quien no soportaba que las cosas no se hicieren a su entera voluntad. La mujer se apresuró entonces a tomar la carpeta que tenía delante donde reposan los datos de las aspirantes que había tenido cita esa mañana y al final de la lista dio con el nombre de la susodicha:

―Eva Moon, señor… era la más joven de las candidatas de hoy.

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