Han pasado quince días. Quince días hasta que vi por última vez a mis padres, a mi familia. Todavía estoy en este hospital tumbado como un humano muerto en la cama. Mi mano sigue enyesada y me han quitado algunas vendas del cuerpo. Mi cuerpo ha empezado a curarse, pero mi alma sigue sufriendo.
Algunas personas cercanas a mi familia vinieron a verme. Algunos mostraron sus condolencias y otros intentaron consolarme cuando me derrumbé delante de ellos. Pero ninguno se quedó demasiado tiempo. Con u