—No te sientas culpable hija, no llores, sé que lo hiciste por despecho y por querer sacar esa rabia que sientes dentro, pero, tienes que ser más consciente que no puedes estar actuando así, ¿al menos te cuidaste? —a su padre, le dolía ver a su mariposa así, pero los actos tenían sus consecuencias y ella tenía que asumirlas.
—Sí papá —mintió, siquiera recordaba si ellos se habían cuidado o no.
Cuando al fin quedó sola, con desesperación llamó a Fernanda para que le trajese una píldora del día de