Elena.
El esperado día del entierro, el último adiós a un costal lleno de excremento que llevó nombre y apellidoa llegado, me pongo un vestido negro y comienzo una actuación lloro pero no tan intensamente solo lo bastante audible sentada en una banca lo más cerca que puedo del ataúd Rafael como siempre está cerca de mí vigilando y en unas cuantas bancas detrás está Eduardo el muy pícaro ha comenzado a fraternizar con una de las sirvientas, ese hombre jamás cambiará a pesar de que está casado si