Como viene haciendo últimamente, Azael en seguida me puse de pie en le avión, tomó mi mano de forma posesiva. No la apretó como las veces anteriores, pero sí con la firmeza que un padre le imprime a su hijo en la calle para protegerlo.
Esta nueva actitud de él, aunque me incomodaba, no la protesté, lo que menos quiero es discutir con él por algo que tal vez solo sea una muestra excesiva de eseamor que siente por mí y me demuestra en todo momento.
No estoy acostumbrada a recibir tanta atención.