—¿Qué te gustaría hacer hoy? —escucho detrás de mi la voz de Azael.
—No sé, lo que tú quieras —respondo sintiéndome un tanto desanimada y a la vez un cansancio inusual.
Justo cuando volteo a verlo bostezo sin disimulo, llegó de pronto, sin darme tiempo a controlarlo. De la pena puse mi mano sobre los labios.
—Disculpa —le digo apenada.
—Seguro estas agotada por el viaje y que no hemos probado comida hoy —me da dos palmadas en uno de los glúteos—, apresúrate para ir a comer algo y luego damos un