Eric cerró la puerta del baño del restaurante y apoyó las manos en el borde del lavabo, inclinándose hacia adelante como si necesitara que ese mármol frío lo sostuviera. No se miró al espejo enseguida; no podía hacerlo. Aún sentía la voz de Amanda resonando en la cabeza, esa voz que pronunció el nombre que él había enterrado con una fuerza casi quirúrgica durante años.
Le ardía el pecho de una manera incómoda, como si hubiese recibido un golpe que no vio venir.
Respiró lento, intentando ordenar