Yo no podía creer que ya hubiera pasado un año desde que Emma y Leah llegaron al mundo de forma tan inesperada y complicada.
Miraba alrededor de la casa, decorada con globos de colores suaves que flotaban en el techo del salón, guirnaldas colgadas en las paredes y una mesa llena de dulces, sándwiches y el pastel que había encargado en la pastelería de siempre, con dos velitas grandes en forma de uno para cada niña. La música sonaba baja, una playlist de canciones alegres que Aria había preparad