Catalina empezó a darse cuenta de que Gavi seguía en el coche. Le dio un golpecito en la espalda a Edgar, ya que durante todo el trayecto no habían dejado de besarse e incluso estuvieron a punto de ir más allá, sin prestar atención a la presencia de Gavi.
Gavi carraspeó suavemente, lo que hizo que Catalina se sintiera aún más avergonzada.
«Señor Edgar, nuestra señora ya ha llegado. ¿Quieren seguir en el coche? Si es así, ¿puedo salir primero?», preguntó Gavi mientras intentaba mantener la sonri