Elgin:
—No puedo creer que hayas hecho eso —gruñí una vez que estuvimos en el auto.
—¿Qué hice mal? Simplemente no pude contener mis emociones cuando la vi —siseó ella con terquedad.
Las cachorras estaban sentadas en el asiento trasero. Noté que mis pequeñas ya se habían quedado dormidas. Pero yo tenía algo en la cabeza, o tal vez a alguien. Elara. Mi otra cachorra. La que nunca llegó a sentir mi amor. Y hoy, cuando por fin tuve un momento para sostenerla, me fue arrebatado.
—Noté cómo estab