56. La dulce y la gruñona
Capítulo 56
A la mañana siguiente Maite se encarga de que su madre desayune, se tome las pastillas y la deja un rato en la sala con su cuñada, aprovechando de ir al despacho para comunicarse con Yaret.
—Buenos días, es un milagro que te acuerdes de mí, últimamente los amigos solo me llaman para pedirme favores.
—Lo sé, soy una terrible amiga —confiesa apenada.
—Eres igual que tu madre, pero el cariño que le tengo es tan especial que les perdonó esas y muchas más. Cuéntame ¿Para qué soy bueno