Estaba nerviosa.
Sentada en una tumbona de madera acolchada en lo alto de la cubierta trasera de la casa de la playa, Janeth observó cómo pasaban unos cuantos corredores corriendo por la orilla de la playa.
«¿Está mirando justo ahora?», se preguntó.
¿Iba a intentarlo de nuevo? Que le dijera a Nicole que había terminado de torturarla no significaba que fuera cierto. Es probable que estuviera mintiéndole, dándole falsos planes.
—¡Hey!
Al oír la voz de Ray, Janeth se obligó a calmarse.
—Lo siento,