El peligro de una propuesta peligrosa, me hace salir de mis pensamientos para alejar mi mano de su toque y caminar hacia mi bebé. Mientras lo hago, Augustus Javier sonríe con su mirada, como si estuviera cansado.
— Creo que ya podemos irnos — digo y él asiente.
— Claro, vamos. Lo que quiero lograr, debe ser con paciencia.
— ¿Qué planeas hacer, Augustus Javier?
— Nada. No debes preocuparte porque quiera hacerte daño.
— No creo que sea ‘nada’. Tienes algo en mente, Augustus Javier y te lo diré a