Cuando ya no tuve que más que vomitar, lavo mi boca y salgo del baño camino a la mesa donde los Delacroix y Lu comen pollo mientras conversan. Cuando llegó al lugar, el olor me produce desagrado y por ello, cubro mi boca y nariz con mis manos, para no volver a vomitar.
— Tendremos que irnos, el malestar no va a desaparecer si no se aleja del olor. — dice Gabriela.
— Sí, aún recuerdo cuando el pescado te colocaba así mientras tenías a Alessandro en tu vientre — dice el señor Bill sonriendo a su