Alexandros
Observo a mi tío quien a su vez hace lo mismo con el pequeño bulto que se mueve entre los brazos de Reyyan y cuando su mirada se pierde entre esos pequeños bracitos que se estiran, me parece ver una lágrima rodando por su mejilla.
—¿Puedo pasar? —nos cuestiona en un murmullo, dirijo mi vista a Reyyan y cuando ella asiente lentamente mi tío se anima a entrar—. Antes que nada, deseo disculparme por lo que les hice en esa gala, ahora comprendo que no estuvo bien y lamento no haber pensa