Dos meses. Dos malditos meses de pura y absoluta locura.
Ese era el tiempo que había transcurrido desde la noche en que el mundo pareció detenerse en el ático de Magnus.
Sesenta días en los que la tensión silenciosa entre nosotros había madurado bajo el agua, transformándose en una corriente subterránea que amenazaba con arrastrarnos a ambos en cualquier momento.
Habíamos intentado mantener las distancias, tal como yo lo había exigido, pero la realidad de los negocios, y la sombra de un