El llanto silencioso seguía empapando mis mejillas mientras intentaba regresar a la realidad del dormitorio.
La calidez del pequeño cuerpo del niño aferrado a mis piernas funcionaba como un ancla, pero la confusión me asfixiaba.
Magnus reaccionó de inmediato. El hombre masivo y dominante regresó en un parpadeo, adoptando esa postura de autoridad que parecía natural en él.
Se inclinó ligeramente y tomó al pequeño de los hombros, separándolo de mi regazo con firmeza pero con una suavidad asombr