El sonido de los pasos de Julián en el pasillo exterior se sentía como una cuenta regresiva hacia mi propia ejecución.
La parálisis duró apenas un milisegundo.
Magnus reaccionó con la velocidad de un depredador acorralado.
Me tomó del antebrazo con una fuerza que no admitía réplicas, me guio hacia la puerta del baño principal y la abrió de par en par.
—Escondete ahí. No hagas ni un solo ruido —me ordenó en un susurro gélido, empujándome suavemente hacia el interior del lujoso espacio de mármo