Cynthia, la hija que mi padre había criado toda su vida para sustituirme, estaba totalmente perdida en su fantasía de poder delirante.
Creía que un trozo de papel firmado por mi padre y una sonrisa ante las cámaras eran suficientes para coronarse reina de un imperio que no entendía y que había ayudado a destruir.
Tenía que exponerla.
Tenía que demostrarle a ella, a los empleados que observaban desde sus cubículos y a la junta entera que no estaba calificada para ningún puesto en esta compañía