Capítulo 35

James

Resbalo mis enormes dedos de salchicha, como le llama ella, entre su cabello dorado y suave. Permanezco con los ojos cerrados disfrutando de su tranquila respiración en mi pecho mientras duerme con esa pasividad que la caracteriza. Sin problemas, con una confianza en la vida que yo jamás tendré. Ciertamente ella es la única razón para seguir creyendo que las personas buenas existen.

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