¡Esa voz no era de otra persona, sino de Mariana!
Jimena cayó en el suelo por el empujón y Walter se apresuró a acercarse para levantarla.
Mariana se arrodilló y, con sus delicados y hermosos dedos, desató rápidamente la corbata del señor Holgado antes de arrojarla a un lado.
Después de sacudir la cabeza hacia Walter, Jimena la miró y, con el ceño fruncido, le preguntó: —Mari, ¿qué estás haciendo? ¿Estás segura de que puedes hacerlo?
La gente a su alrededor se quedó estupefacta.
—Incluso la seño