Su otra hija, Rania, aún no tenía paradero conocido, y en ese momento no podía perder también a Jimena.
¿Cómo podría vivir entonces?
¿Estaba su vida destinada a transcurrir en la tristeza?
—Mamá, lo siento. No quiero que sea así, pero realmente me siento muy mal —Jimena sacudió la cabeza entre lágrimas mientras hablaba—. Llevo días sin poder dormir bien, cada vez que cierro los ojos siento un sufrimiento interminable.
—Siento que todos quieren que yo muera. Me están perjudicando, me están atacan