Simón sonrió: —No importa, solo preguntaba por curiosidad.
Después, Simón asintió con la cabeza y se fue.
Mariana observó la espalda de Simón, un poco confundida.
Augusto...
¿Augusto? ¿Por qué le resultaba tan familiar ese nombre?
¡Vaya!
Se acordó.
Ese nombre lo vio el otro día en la sala de urgencias.
Esa persona venía de la prisión, un prisionero importante. Parecía estar hospitalizado.
Pero Mariana no entendía por qué Simón le preguntaba si conocía a esa persona.
Simón llegó a la habitación d