—Tú... —Las palabras estaban a punto de salir de la boca de Eduardo.
Mariana sonrió tan dulce y suave: —Lo siento, señor López, pero como es arriba es abajo, ¿no es así?
Él la humilló con dos millones. Ella no tardaría en devolvérselo.
—No me sorprende que seas así —gruñó Eduardo fríamente.
Mariana ironizó: —Tómalo, señor López, considera que te lo estoy regalando.
Eduardo miró la tarjeta bancaria sobre la mesa, sintiéndose molesto.
Nunca había sido tratado así antes.
Parecía que él y su madre s