Mariana se lavó y se maquilló rápidamente. Catalina ya había preparado el desayuno, así que Mariana tomó su bolso y bajó las escaleras. Hoy llevaba un conjunto en blanco y negro, con un abrigo encima. Se recogió el cabello, con labios rojos y un maquillaje sutil, irradiando una elegancia indescriptible. Era tan noble como una rosa blanca, fresca y con espinas, digna de respeto.
Tobías había bebido anoche y todavía no se había despertado. Sin embargo, el árbol de Navidad en el patio ya estaba bel