—¿¡Cuánto tiempo llevas ahí parado?!
Sebastián no se había dado cuenta de que llevaba un rato mirándola fijamente hasta que Scarlett levantó la vista de repente y soltó un jadeo sobresaltado.
—¡Lo siento! Llamé pero no me escuchaste —soltó Sebastián, levantando ambas manos—. No quería molestarte.
Su tono educado y amable despertó un sentimiento de culpa en Scarlett. Ella era quien había llegado sin avisar, y aun así él había accedido a hablar. Estaba en SU sala de reuniones y acababa de gritarle