9. Sacando las garras
De pronto como si la nube de encanto hubiese pasado, Sophia despertó del letargo en que se encontraba, — Suéltame, solo déjame ya.
— Lo siento, me deje llevar y…
— Y te aprovechas de mi, me tocas y besas a tu voluntad.
— Tampoco te has opuesto demasiado que digamos, pero te prometo no hacerlo que no lo haré más.
— Supongo que estás acostumbrado a hacer eso con todas aquí, pues no, conmigo no, me respetas a partir de ahora.
— Estás equivocada sobre mí, pero piensa lo que quieras, tiene