CAMELLIA
—Mia, ¿sabes cómo encender el televisor? —dije, todavía presionando el control remoto para encenderlo.
—No, señorita. Si quiere ver una película, puedo llevarla a la sala de cine —dijo.
—¿Hay una sala de cine? —Mis ojos se abrieron de par en par.
—Sí, señorita. —Respondió con una sonrisa estampada en sus mejillas redondas.
Me levanté y bajé las escaleras hasta la sala. El televisor se veía enorme y su tamaño me abrumó.
Me acerqué y toqué el marco de la foto que estaba colocado encima d