El frío de la madrugada recibió a Mia, se abrazó a sí misma y continuó su camino hasta al patio trasero del castillo, el único ruido a su alrededor era producido por los animales de la noche. Iluminó su camino con una bola de fuego que provenía de su mano, un truco que había aprendido en el último año. Con cuidado de no caerse cruzó un camino de rocas que la llevaban a su zona de entrenamiento, la cual quedaba junto a un lago.
Cuando llegó al final de su camino, divisó el terreno en busca de su