Elijah tardó un día en ir y virar a la ciudad de los elfos, su antiguo hogar, dónde había vivido por años, hasta que su padre fue ascendido y se mudó a la capital para servirle al padre de Marissa y ahora el continuaba su legado siendo un fiel servidor de su reina. Cómo solía hacer entró al palacio por la cocina, amaba el olor que siempre había allí. Miriam una elfa de tamaño pequeño, melena rubia y unos imponentes ojos azules siempre lo complacía con un delicioso pastel de moras, su favorito,