El Marco cometió su error de madrugada.
No con fuerza.
No con palabras.
Con formalidad.
Un aviso sellado llegó a través de tres canales independientes: legal, diplomático y humanitario. La redundancia tenía como objetivo dejarnos claro la inevitabilidad del cumplimiento. La elegancia de la autoridad. La ilusión de la unanimidad.
Helena lo leyó en voz alta en la sala de reuniones, con voz firme incluso mientras apretaba la mandíbula.
> "En aras de la estabilidad global, el niño en cuestión