Capítulo 80
Solté la mano y reí con amargura.

—¿Acabas de decir bebé...?

—Sí, Killian. Nuestro bebé.

Volví a reír, con amargura.

—¿De verdad tienes el descaro de decir eso?

Se puso rígida.

—¿De qué estás hablando?

—¿Crees que no sé de tus pequeños trucos? ¿De que intentas endilgarme a ese bastardo?

—¿D-de qué hablas, Killian?

Reí con frialdad.

—Ah. Ahora te haces la desentendida, ¿no?

Me incliné, con los codos sobre la mesa, mirándola directo a los ojos.

—¿Mi silencio te da la impresión de que n
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