Sonrió y buscó mi mano, dándole un pequeño apretón antes de soltarla.
—Me da tanta alegría verte, Liana. Te ves... wow.
—Gracias. Tú también.
—Hay un café a la vuelta de la esquina —dijo—. ¿Vamos a sentarnos y platicar un rato? He extrañado hablar contigo cara a cara.
Dudé un momento, pero luego asentí levemente.
—Está bien. Claro.
Salimos de la farmacia después de que Simon pagó tanto por sus pastillas como por las mías, y luego nos dirigimos juntos al café. Cuando llegamos, él se adelant