CAPÍTULO 24
Sonrió y buscó mi mano, dándole un pequeño apretón antes de soltarla.

—Me da tanta alegría verte, Liana. Te ves... wow.

—Gracias. Tú también.

—Hay un café a la vuelta de la esquina —dijo—. ¿Vamos a sentarnos y platicar un rato? He extrañado hablar contigo cara a cara.

Dudé un momento, pero luego asentí levemente.

—Está bien. Claro.

Salimos de la farmacia después de que Simon pagó tanto por sus pastillas como por las mías, y luego nos dirigimos juntos al café. Cuando llegamos, él se adelant
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