POV DE LIANA
El auto estaba en un silencio sepulcral. Lo único que alcanzaba a escuchar era mi propia respiración agitada. Killian no pronunció una sola palabra. Ni una vez. Sujetaba el volante con tanta fuerza que los nudillos se le ponían blancos, y su mandíbula —Dios—, su mandíbula estaba tan trabada que parecía a segundos de estallar.
Ni siquiera me di cuenta de hacia dónde íbamos hasta que vi el camino por el que avanzábamos. El estómago se me cayó al piso. Conocía esta ruta.
Íbamos a ca