Belén estaba perpleja mientras miraba la llave de la habitación que Santiago dejó en sus manos. Toda lástima y tristeza que sintió momentos antes desaparecieron en un instante y la dejaron en un silencio ensordecedor.
Al notar que Belén no decía nada, Santiago pensó que había quedado anonadada.
— Bely, ser inocente e ingenua no es algo malo. Pero eso solo funcionaría si aún vivieras en el campo. Ahora que vives en el distrito imperial, tienes que aprender nuestras costumbres, por muy turbias