Al escuchar el nombre de Belén, el rostro de Rafael se puso serio.
—¿Ella otra vez?
—Sí, te he dicho una y otra vez que no dejes que nadie entre a mi clase por contactos — asintió Piero con indiferencia.
Sin embargo, Rafael frunció el ceño; estaba claro que no le creía. Después de sacudir la cabeza, explicó:
—Señor Burgos, cometió un error sobre el incidente de Eva y la universidad perdió un edificio de laboratorio por eso. Ni siquiera le pedí una compensación. ¿Por qué le está dando proble