La expresión de Ana rozaba el salvajismo, a lo que Belén respondió con un regaño serio.
“Te advierto que me quites las manos de encima”
Ella de verdad había sido públicamente educada con Ana todo el tiempo.
Ana clavó su mirada en Belén con nerviosismo, sus ojos parecían ocultar una bestia feroz dispuesta a comerse La viva. Aquella intimidante frialdad la conmocionó, era algo que ella nunca había visto antes en Belén.
Belén apartó la mano transgresora de Ana de su propio cuello y se dirigió