En el hospital psiquiátrico, Hugo rodeó el edificio primero, quería asegurarse de que Horacio no hubiera enviado nada a nadie a seguirlo. Luego de confirmarlo, estacionó el auto en la puerta trasera y entró al hospital.
Ya estaba anocheciendo y el cielo había oscurecido. De vez en cuando se escuchaban en las salas algunos gemidos y aullidos fantasmagóricos. Era aterradora, como si fuera una casa embrujada, por ese motivo, la mayoría de las personas no visitaban ese lugar en ese horario.
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