En el momento en que sus miradas se encontraron, Eva notó un destello de frialdad en los ojos entrecerrados de Belén, y un escalofrío le recorrió la espalda.
Asustada, Eva quiso instintivamente escapar del aula: sin embargo, estaba clavada al suelo y no podía moverse ni un centímetro. Al mismo tiempo, sintió que su espalda se cubría de sudor frío.
En ese momento, un destello pasó por su mente.
«¿Se habrá enterado Belén?».
No obstante, pronto descartó esa posibilidad, ya que la página web si