—Padre, Ana, ambos están equivocados. Lo llamé no porque quisiera evitar la visita del médico, sino por el accidente con el vestido negro. Sospecho que Antonio está metido en esto— exclamó Belén y encogió su hombro mostrando inocencia; en su rostro no había emoción alguna.
Luego de escuchar esas palabras, Ana estaba avergonzada.
«¡Maldición, Belén se salió con la suya otra vez!».
— No deberías dudar tan rápido, Belén— respondió Santiago, luego de atenuar la expresión en su rostro. Al escuch