Diego en medio de su nerviosismo, estaba inmóvil; no le salían las palabras y no sabía cómo podía explicarle en un solo instante todo lo que en realidad había pasado. Sandra se sentía satisfecha con lo que había provocado, no podía aceptar que Rebeca se quedara con el hombre del que siempre estuvo enamorada.
—¿Entonces, Diego Armando, te vas a quedar así, callado sin decir una sola palabra? ¿Es verdad lo que acaba de decir Sandra? ¡Habla!
—Rebeca, por favor, las cosas no pasaron como lo está i