Diego era un hombre muy astuto y no en vano conocía a Iván muy bien. Sabía de lo que era capaz y por esa razón, no pensaba quedarse de brazos cruzados sin que Rebeca, al menos le diera una pista de lo que estaba pasando:
— Rebeca, por favor, escúchame y préstame mucha atención. No necesito que me digas lo que está pasando si no puedes hablar; solo quiero que respondas con un sí o un no a lo que te voy a preguntar: ¿Acaso Iván está allí con ustedes?
Rebeca, sintiendo que su corazón latía con