Entonces, sin dudarlo, ella se arqueó sobre las puntas de sus pies y lo besó.
Él se congeló, conmocionado. Por un latido, nada se movió. Las manos de ella se deslizaron hasta la nuca de él, atrayéndolo más cerca.
Al segundo siguiente, ella lo empujó hacia atrás. La parte posterior de su pierna golpeó el borde de la cama y cayeron juntos en un enredo de extremidades y aliento.
Antes de que Kai pudiera recuperarse, Miranda ya se estaba moviendo, trepando sobre él con fluida confianza. Lo montó a