Se volvió hacia Isabella, implorando:
—Bella, mamá estaba equivocada. Perdóname. Por favor, dile a tu papá que no mande a Ana lejos. Te lo suplico… hemos estado juntas tantos años, ¡mamá no puede vivir sin ella! Ustedes dos son igual de importantes para mí.
Trató de tomarle las manos, pero Isabella las retiró discretamente. Con la cabeza baja, fingía estar asustada, aunque en sus ojos se reflejaba pura indiferencia.
Nunca había esperado nada de Adriana, así que no sentía dolor. Jamás había i