Punto de Vista de Kaelen
—¿Podemos estar atentos a nuestra compañera ahora que vamos a salir?—gimoteó Hugo por quincuagésima vez esa mañana, su voz como la de un niño pequeño rogando por una galleta antes del desayuno—. ¡Estás perdiendo el tiempo! ¿Qué pasa si está justo aquí? ¿Justo debajo de nuestras narices?
—Hugo—murmuré en voz baja, dirigiéndome directamente al pasillo que conducía al salón de estar, que era la sala de estar principal en la casa de la manada.
—Vivimos en medio de un bos