Punto de vista de Kaelen
Eran las tres de la mañana cuando finalmente caímos en brazos del otro de nuevo, con las cabezas en extremos opuestos del colchón como niños después de una fiesta de pijamas. La observé en la oscuridad mientras ella jugueteaba con la esquina de la sábana, moviendo los labios en silencio como si todavía estuviera ensayando su estrategia.
—No vas a dormir, ¿verdad? —pregunté.
—No.
—Yo tampoco.
—Pensé que te había perdido —susurró.
—No fue así —dije—. Pero casi me pi