Punto de Vista de Elara
El silencio fue insoportablemente largo. Diablos, se sentía como una cuchilla cerniéndose sobre mi garganta. Letizia y Giulia se habían puesto rígidas, sus ojos regresando a mi cuello desnudo.
Mi propio miedo estaba justo ahí arriba. Me había olvidado completamente de mí misma y había dejado lo que debí haber hecho primero para el final.
Resistí el impulso de cubrir la marca con mis manos. Tal vez realmente no la habían visto. Tal vez la luz les estaba jugando trucos. Tal vez...
—Uh... —Letizia aclaró su garganta, el sonido raspando contra la quietud—. Tu bufanda, Elara... sobre eso...
Giulia miraba a cualquier parte menos a mí, de repente fascinada con las tablas del piso de madera.
—Nosotras... uh... tuvimos que quitártela cuando te estábamos bañando.
Mi estómago se desplomó.
—No quisimos entrometernos —añadió Letizia apresuradamente, sus manos aleteando como pájaros agitados—. Es solo—vimos...
Tragué con dificultad. Sabía lo que vieron.
—Vimos la marca —solt