Capítulo 28.
Logan.
La respiración se me vuelve más pesada con cada segundo que me acaricia la mandíbula con el cañón. Sus ojos sueltan una carga de furia inigualable, mientras mi lado primitivo quiere salir para hacerse cargo.
—¿Armada?— río ante su poco control. —Lo intuí desde la sala de interrogatorios. No me suelo equivocar en estas cosas.
—¿Qué demonios crees que haces, maldit0 enfermo?— me quiere alejar y si algo sé es que puede dispararme y no soy un puto suicida.
—¿En serio ibas a matarme en