— ¿Adónde me llevan? - la desesperación estaba grabada en mi cara. Las manos fuertes de los policías me jalaban de un modo nada agradable. Parecía que yo era la criminal, mientras que yo era solamente la persona que ayudó a la víctima. — ¡Suéltenme!
Me empujan a una habitación horrible, donde solo cabría 10 pasos. Me llevan a sentarme en la silla. Pongo las manos sobre la mesa, y luego el guardia desbloquea las esposas. Suelto un soplo de aire. No estoy entendiendo nada.
— Buenos días. Soy l