Intento disimular que no puedo quitarle la vista de encima. Sin embargo, es muy complejo; él no necesita mirarme ni tocarme para encenderme y lograr que mi corazón lata con tanta intensidad que siento que saldrá de mi pecho. Cada vez que me cruzo con su mirada, aunque sea de reojo, una corriente eléctrica recorre mi cuerpo y me estremezco. Mis manos tiemblan levemente y trato de ocultarlas entrelazándolas detrás de mi espalda. La sala está llena de gente, risas y música, pero para mí, él es el